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La campaña de Abelardo de la Espriella quedó en el centro de una nueva controversia tras la reaparición pública de Enrique Vives Caballero, condenado por el atropellamiento que mató a seis jóvenes cerca de Santa Marta, durante un acto político del abogado y aspirante presidencial.

La presencia de Vives en el evento detonó una oleada de críticas en redes sociales y reabrió preguntas sobre los filtros y los respaldos que rodean la estrategia política de De la Espriella. El episodio tomó fuerza por tratarse de un caso judicial de alto impacto y por la carga simbólica de ver al condenado en un escenario de campaña, en medio de seguidores y mensajes proselitistas.

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De la Espriella, que en las últimas semanas ha intensificado su agenda pública, no solo coincidió con Vives en el acto: también se conoció que sostuvo un encuentro con él. Esa cercanía elevó el costo político del episodio y alimentó cuestionamientos sobre el mensaje que envía la campaña al darle espacio —o trato— a una persona con condena por un hecho que dejó seis víctimas fatales.

El caso de Vives es recordado por el atropellamiento ocurrido en la vía que conecta a Santa Marta con el corregimiento de Gaira, un hecho que terminó con una condena en su contra. Por eso, su reaparición en un escenario político no se leyó como un gesto menor: para muchos, implica normalizar una figura asociada a una tragedia reciente y judicialmente resuelta.

La campaña pide bajar el tono frente a otras disputas

En paralelo a la polémica por Vives, De la Espriella buscó desescalar otro frente: el choque verbal con sectores cercanos a la senadora Paloma Valencia. El abogado pidió “serenidad, mesura y respeto” entre campañas y dejó una frase con calendario político: “Ya nos encontraremos el 1 de junio”, en referencia a una fecha clave dentro de la contienda interna de la derecha.

La controversia por la aparición de Vives, sin embargo, se instaló como un problema distinto: no es una discusión programática ni un rifirrafe entre campañas, sino un cuestionamiento directo a los criterios de relacionamiento y a la lectura ética que hace el equipo de De la Espriella sobre quiénes pueden ocupar un lugar visible en sus actos. Hasta ahora, el episodio sigue alimentando críticas y presión pública para que la campaña aclare el alcance de ese vínculo.